lunes, 11 de octubre de 2010

Córdoba 2016, ciudad europea del diálogo.

El 24 de septiembre tuve la suerte de participar como ponente en un curso de verano organizado por la Universidad de Córdoba (Corduba 2010). El curso, promovido por el Consejo Social de la Universidad, tan sensatamente presidido por Anabel Carrillo, contaba con la colaboración del Defensor de la Ciudadanía, mi amigo y compañero Francisco García Calabrés, la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas y Empresariales y el Ilustre Colegio de Abogados de Córdoba y llevaba por título: "Mediación frente a conflictos: resoluciones extrajudiciales". Bajo este título se abordaban las soluciones mediadas o negociadas en distintos campos del derecho y la sociedad como alternativa a las soluciones/resoluciones judiciales o administrativas.
Mucho ha llovido desde que, en el año 2000 tomase mis maletas camino de Barcelona para formarme en lo que entonces se llamaba, siguiendo a la escuela de Harvard, "mediación y negociación avanzada", sin embargo todavía queda mucho camino, sobre todo en el mundo del derecho y de la empresa, para convertir la mediación y la negociación en instrumentos primordiales de solución de conflictos.
Recuerdo que, a la vuelta a mi Córdoba cainita, decidimos incluir en las tarjetas de visita una referencia bajo la firma del tono "mediación y negociación avanzada". Ésta levantó cierta suspicacia en algunos sectores profesionales bajo la vieja tesis de que eso era lo que habíamos hecho los abogados desde siempre. Cierto, y quizá fue presuntuoso por mi parte la inclusión, pero una cosa es haberse dedicado desde siempre a algo y otra es hacerlo bien. Como dice Mercedes Sosa en su canción: "cambia todo cambia". Es seguro que Cicerón no pasó por ninguna escuela de leyes para convertirse en modelo de advocatum pero no es menos cierto que, desde hace años, hay escuelas doctrinales que desarrollan la negociación como ciencia y si hacemos algo, justo es que hagamos lo posible por hacerlo bien. Lamentablemente, en las Facultades de Derecho y de Empresariales de nuestro país se forma más para el litigio que para la negociación, obviando, quizá, que el acuerdo entre las partes suele dar un resultado mejor, más duradero, más satisfactorio y, con frecuencia, más barato para las partes que el que da un tercero, ya sea juez, árbitro o centro administrativo. Hay además otro dato sustancial, en la mayoría de las firmas jurídicas anglosajonas, y ya también continentales, existe un porcentaje de un 80% de negociadores, frente a un 20% de litigadores... y el algodón no engaña.
En el auditorio, muy sensibilizado ante el tema, desarrollé mi ponencia "Negociación: arte o ciencia. Una propuesta metodológica". Esta es otra idea en la que me gustaría incidir: la negociación, aparte de que uno este mejor o peor dotado para ella por sus habilidades personales, se puede enseñar y se puede aprender.
Iniciativas como ésta de Corduba 2010, con un enorme apoyo institucional, son loables pues ayudan a crear esa llamada cultura de negociación, caldo de cultivo necesario para desarrollar la idea de que caben otras formas de resolver el conflicto. Córdoba, candidata firme a la Capitalidad Cultural en 2016, puede aprovechar la cultura del diálogo como un eje más de su proyecto.
Hasta que la cultura del diálogo y la negociación este extendida, conscientes de que no vivimos en el mejor de los mundos pero comprometidos en su mejora, habremos de contestar lo que Cándido, el personaje de la obra de Voltaire ,"Cándido o El optimismo", dijo al filósofo Panglós cuando éste, tras su historia de infortunio, persistía en demostrar que todo lo que le había pasado era lo mejor pues le había conducido a su momento actual. "Bien dice vuestra merced, pero es menester labrar nuestra huerta" o lo que es lo mismo "A Dios rogando y con el mazo dando".
¡A por el 2016!