martes, 19 de junio de 2012

Subirse al balcón.


Le debo esta entrada desde hace meses a Cristina, una alumna del módulo de negociación que impartí en el III Master de Recursos Humanos de la Universidad de Málaga. Ella hizo la pregunta del millón de todos los estudiantes: ¿Cómo negociamos con gente inflexible? ¿Cómo trata a los reclamadores de valor si uno es un creador de valor?. Es difícil contestar a esa pregunta y, sobre todo, ensayarla y experimentarla, en un módulo de iniciación en técnicas de negociación pero se han escrito ríos de tinta sobre ese tema. Yo recomiendo el libro de William Ury “Getting past NO” (“Supere el NO”, editado en castellano por Gestión 2000). En él se abordan en profundidad lo que Ury denomina técnicas de penetración para negociar con personas que adoptan posiciones inflexibles.
Iré desgranando en sucesivas entradas estas técnicas pero básicamente se reducen a una actitud: no caigas en su trampa, no respondas a sus provocaciones, marca tú los ritmos, en definitiva: sorpréndelo con tu actitud respondiendo como él no espera.
En efecto, las actitudes naturales ante un reclamador de valor suelen ser tres: contraatacar, ceder o romper las relaciones. Ninguna ayudará a la consecución de acuerdos, aunque puede  ser que sea una herramienta en la negociación.
Contraatacar solo alimenta la cadena acción-reacción. Es una estrategia en la que los negociadores duros y agresivos se sienten cómodos. Si uno es creador de valor difícilmente logrará los niveles de agresividad de su oponente. Además esta dinámica daña las relaciones, a veces incluso las personales.
Ceder tampoco es una buena opción, sobre todo si quieres dedicarte a negociar. Esta puede ser una tentación natural. Con ella rebajamos tensión y podemos caer en la trampa de que ésta puede ser la última cesión para lograr el acuerdo final. Nada más alejado de la realidad. La voracidad del  reclamador de valor no tiene límites. Tras una cesión buscará otra y otra más hasta conseguir el KO técnico.
La tercera tentación natural es la de romper las relaciones. Es obvio que con esta medida no alcanzaremos acuerdo alguno. Para adoptar esta medida tenemos que preguntarnos dos cuestiones básicas. Primero, si esa no es la medida que  busca nuestra contraparte pues, en no pocas ocasiones, las rupturas son provocadas por la parte contraria a la que rompe. Segundo, si estamos en disposición de romper las relaciones, es decir, si con nuestra ruptura no perdemos más que ganamos.
Hasta aquí sabemos lo que en principio no deberíamos hacer, aunque contraataque, cesión o ruptura pueden ser estrategias a utilizar en algún momento de la negociación, pero…¿Cómo evitar estas actitudes? ¿Cómo no caer en la trampa? ¿Cómo marcar nosotros los tiempos e impedir que los marque el reclamador de valor?
Ury señala una estrategia que denomina “subirse al balcón”, es decir, tomarse tiempo para reaccionar o, mejor aún, tomar distancia de la negociación, del momento, de las emociones. Musashi, el maestro samurái, decía que “hay que mirar desde lejos las cosas más próximas”. Este distanciamiento emocional es un arma enormemente eficaz en la lucha contra los reclamadores de valor pues nos evita entrar en su juego y, además de desorientarlo, nos facilita a nosotros llevar la iniciativa. Este distanciamiento se puede conseguir de varias formas:  haciendo pausas y callando, repitiendo lentamente, a modo de feedback, las propuestas de la contraparte o pidiendo, lisa y llanamente, un receso.
Recuerda, no pierdas los estribos, no trates de desquitarte ni quedar por encima de tu oponente, fíjate, solamente, en el objetivo que deseas.

8 comentarios:

  1. Muy importante Jose Rafael, lo que nos explicas. Debemos de templar nuestros nervios y si tenemos problemas para ello, ejercitarlo, puesto que no podemos mostrar ante nuestro aponente una actitud visceral en la que nos convertiremos en presa debil. Pienso que hay que vestirse con el mismo tipo de traje que nuestro oponente (previo estudio de su perfil) y estar listo para cualquier tipo de cambio que nos pueda venir bien en nuestra negociación.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las actitudes viscerales no nos ayudan a lograr acuerdos. Si hay que adoptar posturas duras hay que hacerlo con frialdad, como las hacen los buenos reclamadores, no desde la visceralidad. Los viscerales, aunque se crean duros, no son buenos reclamadores. Por otro lado vestirse del traje del oponente es difícil si eres un creador de valor pero si debes tener claro que ante un reclamador de valor no se puede ser presa fácil. Un beso y gracias por tu comentario.

      Eliminar
  2. Qué difícil es mirar desde lejos las cosas más próximas. Se pone en juego lo más íntimo de nosotros y nos impide dar la distancia necesaria para ver con claridad. En el ámbito laboral esa distancia es necesaria, en el personal es imprescindible. Quien haya encontrado la medida que avise, que me llego con el metro.
    Gracias por esta nueva entrada en tu blog.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querido Antonio: me das pie para otra entrada sobre la negociación con uno mismo. En efecto, es una difícil medida y por eso hay que ejercitarla. Junto al samurai japonés podíamos poner a nuestro San Ignacio de Loyola que nos recomendaba la justa distancia de las cosas, el desafecto bien entendido, para saber actuar en la vida según el principio y fundamento. Gracias por compartir tu opinión y un fuerte abrazo.

      Eliminar
  3. Querido Rafael, soy Cristina.

    Lo primero de todo es darte las gracias por dedicarme un post a mi. Para mi es un honor que alguien como usted se haya acordado de esa sesión y en concreto de mi persona. Me has sorprendido muchísimo porque no creí que te fueras a acordar de mi, después de tantos meses.

    Lo segundo que quiero decirte es que te leo todos y cada uno de los artículos que nos envías, me parecen muy interesantes y verdaderamente siguen criterios de calidad ¡enhorabuena y sigue escribiéndonos para que podamos seguirte!

    Por otra parte, me encanta que hayas colgado este artículo ya que en estos momentos que hemos terminado ya el máster estoy buscando literatura de calidad para aprender más, y en concreto en este tema me leeré el libro que me recomiendas. El mundo de la negociación me parece un arte y se puede aprender mucho, de y con, personas como usted. Me parece muy interesante no sólo los consejos que nos das, tanto en las técnicas como en los objetivos que hay que marcarse, sino, en el distanciamiento emocional del que hablas, ya que creo que muchas personas fracasamos un poco en ese aspecto y es el que hay que mejorar (tal vez por la inexperiencia, o la inmadurez en el campo).

    No me gustaría terminar sin añadir que en este momento la información que me proporcionas en este artículo me sirve para mi misma. Así que por ello te doy las gracias (parece como si me hubieses leído la mente estos días).

    Un abrazo y un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Cristina:

      Gracias a ti por tu generosa valoración. Me alegro de que te sirva profesional y personalmente. El objeto de este humilde blog es el de difundir la cultura de la mediación y la negociación y ofrecerla como alternativa a otros métodos más traumáticos. Un fuerte abrazo. Me alegro haberte tenido como alumna!

      Eliminar
  4. Leer la mente... precisamente ahí debe estar la clave, que sólo la experiencia te enseña. Al cabo, todos los inflexibles usan el mismo traje; o más bien usamos, porque también todos lo somos en mayor o menor medida y según la cuestión que tengamos por delante.
    Supongo por ello que ese acertadísimo distanciamiento implica saber leerte a ti mismo, lo que tampoco es fácil.

    Muchas gracias, Cristina, por haber inspirado este artículo y darme, de paso, la oportunidad de mandarle un fuerte abrazo a su autor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, José María, por tu participación en este blog. Un fuerte abrazo.

      Eliminar