En días pasados mantuve una curiosa conversación familiar acerca de la actualidad futbolística que me iluminó para escribir esta entrada acerca de la negociación y, más concretamente, acerca de la negociación con uno mismo. No es esta una entrada sobre fútbol, asunto que solo apasiona en casa a mi hijo Pablo, pero sí sobre como grandes figuras del fútbol como Guardiola o Mourinho gestionan sus carreras y negocian con ellos y con el mundo en una compleja partida de ajedrez.
De todos es conocido el diferente estilo que poseen los entrenadores más mediáticos de los dos equipos más mediáticos del fútbol español (Real Madrid y F.C Barcelona), sin embargo, ambos son dos magos de la gestión de su talento, de su imagen y, por ende, de su carrera profesional.
He de reconocer que en mi casa, pese al desapasionamiento futbolístico que he comentado, somos más culés que merengues. La discreción de Pep Guardiola va más con nuestro modo de ser y el fútbol de equipo del Barça nos emociona más que el fútbol de los galácticos del Madrid. En ese orden de cosas, mi hijo Pablo, de 11 años y que solo ha aceptado a regañadientes a Tito Vilanova, se lamentaba de la retirada de Guardiola en pleno esplendor y con todo ganado. Sin querer aparentar una clase magistral de negociación, pero acercándome mucho a la "chapa" paterna, le instruí sobre que precisamente es había hecho que Guardiola se retirase. ¿Que le queda a una persona que ha estado en lo más alto? ¿Que lo ha ganado todo? La respuesta era clara incluso para un niño de 11 años: el que ha llegado a lo más alto solo le queda bajar desde lo más alto y al que lo ha ganado todo solo le queda perder, aunque no lo queramos admitir, sobre todo en el caso del Barça o de la selección española (lo siento, Pablo, pero es estadísticamente muy improbable que España siga ganando Mundiales y Eurocopas). En este sentido, Pep hizo lo correcto: retirarse en la cúspide y descansar (se lo podía permitir) para volver, seguro, cargado de nuevos retos profesionales.
No soy de los que creo que Pep o Mou dejen al libre albedrío sus emociones mediáticas, por eso me sorprendió y valoré enormemente, desde una perspectiva profesional, la única respuesta directa que Pep ha dado a Mou, prueba de su estilo, y que adjunto en el siguiente video.
Dicho esto, no hay que creer que las reacciones de Mou estén faltas de inteligencia emocional o que se deje llevar por sus emociones. Creer esto es un error....que obviamente Mou aprovecha muy bien. El entrenador del Madrid utiliza sus "emociones desbordadas" para lo que desea: para venir a Madrid o para irse, para aglutinar el vestuario o para reventarlo, para meterse la afición en el bolsillo o para enfrentarse a ella. ¿Cabe mayor control? ¿Cabe mayor inteligencia emocional? Florentino, que no debe ser mal negociador, ha aguantado al luso hasta el final de la temporada ¿Por qué? No solo porque en ese momento la negociación será más fácil para él, pues con el Chelsea en puertas la fortaleza negociadora de Mou será menor, aunque se haya asegurado en los últimos días el rechazo de todos para evitar tentaciones de que puedan retenerlo, sino porque (Pablo tápate los oídos) el fútbol es, entre otras cosas y no sé si decir sobre todo, un negocio...y Mou vende, ya lo creo que vende. Es una inversión segura.
¿Reflexivo o locuaz? ¿Educado o agresivo? No nos engañemos, en negociación muy pocas cosas son lo que parecen y no en vano el tipo de relación y de comunicación son 2 de los 7 elementos del proceso de negociación de Harvard. Negociar con Mou o con Pep debe ser una experiencia estimulante pero...¡ que negociaran entre ellos sería un espectáculo mayor que un Madrid-Barça!
Como comparar a Churchill con Mussolini, ambos muy efectistas, pero el último terminó colgado cabeza abazo en una plaza de Milán... Y no lo colgaron los americanos, sino los italianos.
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