Hace días tuve la oportunidad de charlar amigablemente con Joaquín Arauz, Secretario General de la Federación de Enseñanza de la Unión Sindical Obrera (USO) en Andalucía. Con Joaquín me une una relación de afecto y respeto tras años negociando acuerdos laborales y disposiciones educativas, a veces, en posiciones enfrentadas. Como es buen conversador no sé como llegamos a rememorar la experiencia de acercamiento entre el bloque soviético, liderado entonces por Gorbachov, y el americano, con Reagan como presidente. El lema que utilizaron era sencillo y a la vez complejo: aseguramiento y confianza. Esta fórmula paradójica ha dado enorme juego en muchas negociaciones y encierra, todavía, la llave a muchas soluciones.
El aseguramiento conlleva el rigor de darse normas y marcarse metas que han de ser cumplidas. No vale la confianza ciega o ingenua de una u otra parte. El aseguramiento tiene que ver con el cumplimiento, con la seguridad. La confianza es el contrapunto necesario en la relación negociadora. En toda negociación hay que tener confianza, a veces, hasta el derroche, pero...la confianza hay que ganarla y hay que inspirarla. ¿cuántas veces hemos tenido la seguridad de ir al final del mundo con alguien que nos inspira confianza, a veces con fundamentos muy débiles? Aseguramiento y confianza son, pues, dos ingredientes fundamentales en toda negociación.Gorbachov y Reagan supieron hacerlo en una época difícil. Ninguno se lanzó en brazos del otro, ninguno puso la confianza en primer lugar. Dieron pasos, examinando los resultados, asegurándose. Cuando creyeron que se habían demostrado rigor introdujeron el elemento confianza, con ella todo funciona mejor, más rápido pero la confianza se gana duramente y se puede perder en cuestión de segundos.
En mi vida profesional he tenido la oportunidad de experimentar esta receta en multitud de ocasiones con éxito. Es una receta frágil, en la que debes manejar adecuadamente las dosis de seguridad y confianza. Es el dilema del negociador. La fórmula que condujo al entendimiento en CajaSur entre Iglesia y PSOE tras la vuelta de la Caja a la tutela de la Junta de Andalucía fue ésta, no la de oscuros intereses, ni extraños contubernios. Simplemente, los interlocutores de una y otra parte fueron dando pasos, en una suerte de micro-negociaciones, hasta crear el adecuado clima de confianza que propiciase la convivencia pacífica. Y así fue durante cinco años. El final no tuvo tanto que ver con la pérdida de confianza entre Iglesia y gobierno andaluz, la interlocución con Antonio Ávila, Rafael Velasco y Salvador Blanco fue excelente, como con la pérdida de confianza de unos y otros en un tercer interlocutor nada confiable pero completamente predecible y coherente con sus propios intereses como era Braulio Medel.
Esta negociación por micro-tramos será la que haya que utilizar ahora en Euskadi para reconstruir la confianza social. Mi buen amigo Sabino Ormazabal, con quien coincido en la iniciativa Hitz Egin para el diálogo en Euskadi, proponía recientemente 25 consideraciones sobre convivencia en la página Proceso de paz promovida por Lokarri. Yo proponía modestamente esta que aquí expongo. Hay demasiado dolor en la sociedad vasca para partir de cero, no podemos ser ingenuos y pensar que la tregua o el abandono de las armas por parte de ETA inicia así, sin más, una nueva época. Hay que restañar las heridas de la sociedad vasca y el paso lento pero cierto, asegurando pero confiando puede ser una buena receta para ir construyendo la reconciliación necesaria que no se puede basar en el olvido sino en la justicia.Algunos periodistas me preguntaron, tras la ruptura de las negociaciones entre Cajasur y Unicaja, si solo por falta de confianza entre las partes podía echarse por alto toda la negociación. No podía reprimir una mueca pensando que eso, exactamente, es lo que ha echado por alto la mayoría de las negociaciones de la historia. Pero eso lo reflexionaremos en otra entrada.
Agur.
