domingo, 20 de febrero de 2011

Aseguramiento y confianza.

Hace días tuve la oportunidad de charlar amigablemente con Joaquín Arauz, Secretario General de la Federación de Enseñanza de la Unión Sindical Obrera (USO) en Andalucía. Con Joaquín me une una relación de afecto y respeto tras años negociando acuerdos laborales y disposiciones educativas, a veces, en posiciones enfrentadas. Como es buen conversador no sé como llegamos a rememorar la experiencia de acercamiento entre el bloque soviético, liderado entonces por Gorbachov, y el americano, con Reagan como presidente. El lema que utilizaron era sencillo y a la vez complejo: aseguramiento y confianza. Esta fórmula paradójica ha dado enorme juego en muchas negociaciones y encierra, todavía, la llave a muchas soluciones.
El aseguramiento conlleva el rigor de darse normas y marcarse metas que han de ser cumplidas. No vale la confianza ciega o ingenua de una u otra parte. El aseguramiento tiene que ver con el cumplimiento, con la seguridad. La confianza es el contrapunto necesario en la relación negociadora. En toda negociación hay que tener confianza, a veces, hasta el derroche, pero...la confianza hay que ganarla y hay que inspirarla. ¿cuántas veces hemos tenido la seguridad de ir al final del mundo con alguien que nos inspira confianza, a veces con fundamentos muy débiles? Aseguramiento y confianza son, pues, dos ingredientes fundamentales en toda negociación.
Gorbachov y Reagan supieron hacerlo en una época difícil. Ninguno se lanzó en brazos del otro, ninguno puso la confianza en primer lugar. Dieron pasos, examinando los resultados, asegurándose. Cuando creyeron que se habían demostrado rigor introdujeron el elemento confianza, con ella todo funciona mejor, más rápido pero la confianza se gana duramente y se puede perder en cuestión de segundos.
En mi vida profesional he tenido la oportunidad de experimentar esta receta en multitud de ocasiones con éxito. Es una receta frágil, en la que debes manejar adecuadamente las dosis de seguridad y confianza. Es el dilema del negociador.  La fórmula que condujo al entendimiento en CajaSur entre Iglesia y PSOE  tras la vuelta de la Caja a la tutela de la Junta de Andalucía fue ésta, no la de oscuros intereses, ni extraños contubernios. Simplemente, los interlocutores de una y otra parte fueron dando pasos, en una suerte de micro-negociaciones, hasta crear el adecuado clima de confianza que propiciase la convivencia pacífica. Y así fue durante cinco años. El final no tuvo tanto que ver con la pérdida de confianza entre Iglesia y gobierno andaluz, la interlocución con Antonio ÁvilaRafael Velasco y Salvador Blanco fue excelente, como con la pérdida de confianza de unos y otros en un tercer interlocutor nada confiable pero completamente predecible y coherente con sus propios intereses como era Braulio Medel.

Esta negociación por micro-tramos será la que haya que utilizar ahora en Euskadi para reconstruir la confianza social. Mi buen amigo Sabino Ormazabal, con quien coincido en la iniciativa Hitz Egin para el diálogo en Euskadi, proponía recientemente 25 consideraciones sobre convivencia en la página Proceso de paz promovida por LokarriYo proponía modestamente esta que aquí expongo. Hay demasiado dolor en la sociedad vasca para partir de cero, no podemos ser ingenuos y pensar que la tregua o el abandono de las armas por parte de ETA inicia así, sin  más, una nueva época. Hay que restañar las heridas de la sociedad vasca y el paso lento pero cierto, asegurando pero confiando puede ser una buena receta para ir construyendo la reconciliación necesaria que no se puede basar en el olvido sino en la justicia.
Algunos periodistas me preguntaron, tras la ruptura de las negociaciones entre Cajasur y Unicaja, si solo por falta de confianza entre las partes podía echarse por alto toda la negociación. No podía reprimir una mueca pensando que eso, exactamente, es lo que ha echado por alto la mayoría de las negociaciones de la historia. Pero eso lo reflexionaremos en otra entrada.
Agur.

martes, 1 de febrero de 2011

Políticamente incorrectos...








La comunicación es otro de los siete elementos que se manejan en el método Harvard. Reconozco mi admiración por los conocedores de esto que a mí me parece un arte... y la abominación de aquellos que ponen ese arte torticeramente al servicio de la manipulación.

En negociación hay que estar preparados para comunicarse que es tanto como decir para hacerse entender y para entender al otro pues, aunque a veces se olvide, en el proceso de comunicación participan dos sujetos que, comúnmente, interactúan entre sí, es decir, que hablan y escuchan alternativamente. Esto, que es una obviedad, ya supone un gran paso. Hablar y escuchar es una de las principales herramientas de negociación.

Empezaré a hacer alguna reflexión sobre escuchar pues es al proceso al que menos atención prestamos. En la negociación solemos estar muy preocupados por hablar, por transmitir nuestras opiniones e intereses y dejamos a un lado la escucha. Escuchar es una parte básica en la negociación. Escuchar y no escucharse, cuestión harto distinta. La escucha debe ir más allá de lo denominado escucha activa, debe ser, a mi juicio, una escucha empática. Debemos ponernos en el lugar del otro, descentrarnos, abandonar, por un momento, la posición de centralidad en la comunicación y mirar hacia el otro. Este posicionamiento nos ayudará enormemente para saber más de él, de sus intereses, de sus presiones, de su posición y nos servirá para buscar y construir las mejores opciones para el acuerdo. El descentramiento no tiene como objeto la identificación con el otro, que en ocasiones puede ser buena, sino el conocimiento de las posiciones del otro. Escuchar al otro, descubrirlo, estudiarlo, entenderlo te da una información preciosa para alcanzar resultados satisfactorios en la negociación. Eso incluye estar preparado para escuchar cosas que quizá no nos guste escuchar y preparar las argumentaciones precisas ante esas opiniones.

Para hablar, en el proceso de negociación, hay que regirse por el principio de eficacia. Puedes hablar sin ton ni son pero entonces tu esfuerzo no está orientado a la consecución de un acuerdo sino, quizá, a demorarlo o dinamitarlo. Es célebre la frase del presidente norteamericano Wilson que señalaba que necesitaba dos semanas para preparar un discurso de 10 minutos pero que estaba listo si había que hacer uno que durase horas. Hay que preparar lo que queremos decir y cómo lo queremos decir. Ambas cosas son importantes. No preparar nuestro "discurso" nos puede llevar a errores fatales. Para ello me ceñiré a una cita de Santa Teresa que decía "No hables demasiado, que quien mucho habla mucho yerra y da indicios de saber poco. No hay cosa de más peligro ni de menos autoridad que las demasiadas palabras." Fiel a su enseñanza, no puede decirse más en menos. 

Comentario aparte merecen aquellos que lejos de escuchar y hablar con eficacia les gusta escucharse. Es curioso las horas que se pierden en algunas negociaciones escuchando pacientemente a aquellos que parecen dirigirse a un auditorio de seguidores o simpatizantes que no están en esa sala, representando un papel que nadie pidió y que, desde luego, no ayuda a la consecución de acuerdos. De ellos decía Gracián que "si hablarse solo es locura, escucharse delante de otros es locura doblada".

Ojalá muchos aprendieran de estas máximas tan incorrectas políticamente. Eso si que sería políticamente correcto.