miércoles, 30 de marzo de 2011

Sin vencedores ni vencidos.

Hace ya demasiados días  me comprometí a cerrar mi reflexión sobre el conflicto suscitado con ocasión de los “paros” realizados por los controladores aéreos españoles en torno a los festivos de la Inmaculada y la Constitución. La idea me la suscitó los titulares de prensa que leí el día en que se hizo público el resultado de la mediación de Manuel Pimentel. Todos, indefectiblemente, glosaban y loaban la solución dada. El Ministro de Fomento, José Blanco, se apresuraba a señalar que "no ha habido vencedores ni vencidos, todos hemos ganado". ¿Dudo yo de la valía de la mencionada mediación? En absoluto, simplemente dudo de que la misma beneficiase a todas las partes  tanto como para que todas las partes la valorasen por igual y, a la vista de la misma, dudo de que las partes no hubieran podido llegar a esa misma solución. Se me vino a la memoria los espectáculos de las noches electorales donde todos, independientemente del resultado obtenido, ganan.
Estos hechos vienen al pelo para explicar lo que, en técnica negociadora, denominamos "discurso del vencedor” que, contrariamente a lo que pudiera parecer, no es el que hace el “ganador” de la negociación sino el que debe construir el que ha resultado lesionado en la misma. Y es que en toda buena negociación que se precie no debe haber vencedores y vencidos: no solo no es estético, sino que no es terapéutico y ni siquiera práctico. Para que el resultado de una negociación sea aceptado por todos y, sobre todo, duradero debe concitar la simpatía de todas las partes, el apego de todos, restañar heridas. Todos deben sentirse, sino ganadores, sí cómodos con el resultado. Por ello conviene no solo permitir a la contraparte una digna posición, sino, si es posible, facilitársela.
En estas coordenadas hay que interpretar las declaraciones de USCA, el sindicato de controladores, AENA, encargada de la gestión aeroportuaria, y el Ministerio de Fomento tras el resultado de la mediación. Hay situaciones de las que hay que salir como sea porque no benefician a nadie y para ello hay que ser generoso con la otra parte y saber construir el mensaje que tenemos que dar.
Para finalizar, dos experiencias personales que colorean esta idea.
La pasada semana mantuvimos una cordial reunión representantes de Educación y Gestión con el Viceconsejero de Educación de la Junta de Andalucía, Sebastián Cano y la Directora General de Planificación y Centros, Elena Marín Brancho. En la misma, pese a la contundencia de nuestras reivindicaciones obtuvimos una escasa, por no decir nula, contraprestación. No son buenos tiempos para la lírica y menos en tiempos de crisis. Sin embargo nuestros interlocutores, maestros consumados en las artes negociadoras, nos desgranaron todos los logros obtenidos por los centros educativos concertados en la última legislatura no como premio de consolación sino construyendo un perfecto discurso del vencedor. Desde aquí mi reconocimiento y mi compromiso de que, en el próximo encuentro, volveremos con renovado ímpetu y mejores artes en la defensa de nuestros intereses.
La otra ilustra la postura contraria de negar el pan y la sal a la contraparte. Ya he reconocido en alguna que otra entrada que Braulio Medel, Presidente de Unicaja, se mantuvo siempre fiel a sus postulados de interés y que, por ende, no engañó a nadie más que a aquellos que, infundadamente, tenían otras expectativas. Recuerdo que en los últimos días de la negociación estaba convenciéndolo de que, en el ámbito laboral, debía realizar alguna concesión a los sindicatos que les propiciase una salida digna en la defensa de los intereses de los trabajadores (no otra cosa hizo BBK al llegar), indicándole alguna concesión en las prejubilaciones. Con un gesto jocoso que solo sabría apreciar el que llevaba tratándolo meses me dijo: “Antes de prejubilarlos y mandarlos a su casa los tengo haciendo piñonate en el Paseo Marítimo” Genio y figura… pero al final la negociación laboral no tuvo salida y la fusión se frustró.
Y es que solo hay una manera de ganar siempre: saber perder.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Controladores aéreos controlados.

Como lo prometido es deuda aquí está mi entrada relativa al conflicto suscitado por el control del espacio aéreo en nuestro país. Quien vaya siguiendo mis entradas habrá comprobado que suelo huir de la oportunidad mediática, quizá eso sea poco favorable a la popularidad del blog que se vería más visitado con este oportunismo mediático, pero creo que esa distancia da una cierta perspectiva a la opinión meditada y, sino académica, si divulgativa sobre los procesos de negociación. En esta ocasión mis cautelas no podían ser menores, máxime si tenemos en cuenta que en este proceso han tenido participaciones diversas paisanos ilustres como Miguel Cuenca Valdivia o Manuel Pimentel, quien, finalmente, ha actuado como árbitro.
En efecto, una norma primordial para el mediador o el negociador es tomar distancia del asunto. Ello no supone falta de interés, conocimiento o implicación. En absoluto. Supone, eso sí,  cierto desapego para ver las cosas con cierta frialdad, sin apasionamiento. La pasión, en estos casos, es mala consejera.  
Quizá muchos se sorprendan de la contundencia de las medidas pero si alguien duda de la estrategia del tráfico aéreo solo tiene que observar breves minutos el video que inserto donde aparece claramente el volumen del tráfico y (esto para mentes críticas) donde se produce el mismo... y no olvidemos que las casualidades no existen.


Sea como fuere en este conflicto cada uno jugó sus bazas y el espacio aéreo español se militarizo y se decretó el estado de alarma durante una temporada, a mi juicio, innecesariamente larga.
Lo acaecido, que es lo que me interesa analizar, me parece un ejemplo magnífico para abordar lo que se ha venido a llamar MAAN (mejor alternativa al acuerdo negociado) y cómo se pueden empeorar las alternativas del contrario. Para ello convendría centrar el meollo del asunto que se reducía al cómputo del horario laboral anual y cuáles eran los conceptos que este cómputo debía contener,
En efecto, la alternativa a un acuerdo negociado para las partes a vote pronto era el ejercicio del derecho a la huelga por parte de los controladores y el ejercicio de la tarea legislativa por parte del Gobierno. Y ambos lo cumplieron de manera precipitada posiblemente. Los controladores iniciaron una serie de "ausencias" de los puestos de trabajo motivándolas en haber cumplido la jornada anual. El gobierno no dudo en regular por Real Decreto Ley lo que no había logrado en la mesa de negociación y los controladores tampoco dudaron en ejercer un plante a la medida del gobierno convocando una Asamblea permanente. Así las cosas entraron en una dinámica donde el primero que cejase en su empeño sería el perdedor. Entra en este momento el juego de calcular como podemos empeorar las alternativas de la contraparte, sabiendo que, en negociación, las amenazas hay que cumplirlas pues, de lo contrario, pierdes por completo la credibilidad y la fuerza. El Gobierno lo tuvo claro: sobre los incumplidores caería, como dijo el Ministro de Fomento, todo el peso de la ley. Y lo llevaron a cabo sin ningún tipo de complejo militarizando el espacio aéreo y decretando el estado de alarma aquella misma noche. La entrada de efectivos policiales en la Asamblea de controladores para informar/identificar a los huelguistas rememora otras prácticas y otras épocas y las acusaciones de las fiscalías por delitos de rebelión fue completamente excesivo. 
Lo cierto y verdad es que la puesta en escena fue impecable dejando a los controladores en la cuerda floja. Si a ello le sumamos la magistral utilización de políticas mediáticas que ocultaban que la reacción de los controladores lo había sido por la adopción de una medida unilateral por parte del Gobierno y se adereza con la “sutil” filtración de que la media retributiva de los controladores era de 300.000 euros anuales, tenemos una jugada de jaque mate perfecta que a duras penas pudieron contrarrestar os controladores con informaciones alternativas.
El próximo día analizaremos el final de la partida: el arbitraje y las reacciones de unos y otros ante el mismo. Una nueva lección de negociación.
Hasta entonces.