domingo, 10 de abril de 2011

Honorables y miserables.

Pese a mi pretensión de ser sistemático en la exposición de temas en relación con el proceso de negociación y, en especial, con los siete elementos del método de Harvard siempre se atraviesan temas que me distraen del cometido. No obstante, creo que es bueno conectar la exposición divulgativa con la experiencia vital pues así se encarna mejor la pretendida enseñanza. Hoy me entretendré en la creación de opciones, estilos de negociación y en la relación entre negociadores. De honorables y de miserables. De buenos y malos, como en "Los Intocables de Elliot Ness"
Días atrás me encontré en una de las muchas estaciones que ya voy transitando con Juan Manuel León. Conocí a Juan Manuel en mis inicios profesionales cuando yo empezaba como abogado al servicio del sindicato Comisiones Obreras (CC.OO.) y él era miembro de la Ejecutiva. Tuvimos una curiosa experiencia negociadora pues negociamos conjuntamente pero en bancos “enfrentados” el acuerdo que reguló las condiciones laborales entre CC.OO. y sus trabajadores (yo iba como negociador por los trabajadores). Yo era joven e inexperto y él negociador bregado en mil batallas. Fue una experiencia curiosa y edificante donde yo aprendí mucho y que no estuvo exenta de fuerte tensiones y escaramuzas dialécticas. Cuando dejé el sindicato mantuve con él una relación de simpatía no cultivada más que cuando nos encontrábamos en alguna estación (él era y sigue siendo trabajador de RENFE). Nos reencontramos hace pocos días en la cafetería de la estación y salió el tema recurrente de las mil negociaciones en las que estamos embarcados y la mala época que es para llegar a consensos, sobre todo en lo que se refiere a lo monetario. Era el momento, me comentó, de abrir negociaciones que aportaran valor en lo referente a las relaciones laborales, medidas de conciliación o sostenibilidad. Me sorprendió su actitud positiva y proactiva y recordé el principio negociador de creación de opciones. Crear opciones es vital para la consecución de acuerdos y encerrarse en una opción es la mejor forma de frustrar una negociación. León, que así es su denominación sindical, es un negociador leal, que defiende los intereses de los trabajadores como le corresponde, pero que es capaz de analizar el entorno y hacer propuestas razonables.
La pasada semana, al salir de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, me encontré con otro compañero de briega representante de una organización sindical que me ensalzaba la figura de quien podríamos denominar un funcionario probo en toda la extensión de su término: Manuel Barrionuevo. Conozco a Manolo desde que empecé a frecuentar la Consejería hace 10 años y siempre ha sido la pieza insustituible en cualquier entendimiento tripartito entre administración educativa, sindicatos y organizaciones de titulares. Su tono cercano, moderado, afectuoso y, a la vez, riguroso lo hacen esencial en el trasiego previo necesario para cualquier acuerdo que después materializan, lógicamente, los responsables políticos o institucionales de nuestras organizaciones de referencia.
Son dos muestras evidentes de cómo defendiendo cada cual sus intereses se pueden facilitar consensos que repercutan en beneficio de muchos. La lealtad entre negociadores no está reñida, ni con mucho, con la defensa acérrima de los intereses que a uno le han sido encomendados. Son los honorables.
Inevitablemente, como todo en la vida, hay otros elementos que dinamitan cualquier negociación casi por posición vital. Son los otros. Actúan por iniciativa propia o por la voz de su amo, tipos que van de duros y que, en la mayoría de las ocasiones, ocultan su poca capacidad profesional, incluso la poca calidad humana, tras una capa de intocable o poderoso. Si pensamos, todos hemos encontrado alguna vez a este perfil de persona. En mi historia reciente he encontrado personajes de esta estofa en los cargos más reputados, incluso en supuestos cargos relacionados con la administración de la más alta autoridad económica en nuestro país. Pobres personas y pobres profesionales que creen que su fuerza está en el maltrato que imprimen a sus subordinados que no es más que muestra del que ellos recibieron algún día. Estos, pese a lo que puedan creer, en absoluto son intocables. Reproduzco a continuación la magistral escena de “Los Intocables de Elliot Ness” en que Sean Connery, el policía duro, llama a la dureza en la lucha contra el crimen. 
Sin duda no cabe ser ingenuo ante la dureza pero pretender contestar la violencia con mayor violencia también es ingenuo. Solo conduce al fracaso antes o después pues siempre encontraremos a alguien más violento. Si Ness logró sus objetivos en su lucha contra Capone no fue por la dureza de su lucha, a la vista está en la película a juzgar por la suerte que corren los miembros del grupo, sino por poner en juego la inteligencia, cualidad que no suele adornar las virtudes de estos “tipos duros”.

En cualquier caso, a estos tipos, solo hay que desearle lo que el son cubano de Adalberto Álvarez que aquí os dejo: “Yo quiero pedir pa´ti, lo mismo que tú pa´mi…por si acaso”.  Hasta la próxima..