jueves, 5 de mayo de 2011

Debilidades internas.

La pasada Semana Santa he podido disfrutar, como suele ser habitual en esas fechas, de algunos títulos clásicos de cine de siempre, algunos de temática religiosa y otros no. Es curiosa la propensión del programador, no sé si por incultura religiosa o simplemente histórica, a proyectar películas de "romanos" de cualquier época en estas fechas.
En cualquier caso, pude disfrutar, como decía de un título clásico: "La caída del imperio romano" de Anthony Mann (1964). Traigo a colación la escena final de la película, cuyo enlace no os puedo ofrecer aunque lo he intentado, que culmina con una frase lapidaria proclamada por el narrador, como suele ser habitual en este género: "Así empezó la caída del imperio romano. Que solo se puede destruir una gran nación cuando ella se ha destruido interiormente"... The End.
La frase no puede ser más gráfica e ilustrativa y viene oportunamente a señalar una idea útil para el negociador: ojo a las debilidades internas y, por contra, provoca la debilidad interna del contrario.
Intentaré explicar ambas ideas con la ayuda de estadistas tan reconocidos y polémicos como Churchill y César.
Cuentan que un inexperto diputado conservador cayó al lado de W. Churchill en su primer día en la Cámara de los Comunes y dijo a Sir Winston, señalando a los bancos de los laboristas: "Qué alegría, estar aquí a su lado, con el enemigo frente..." "No se confunda, joven --replicó Churchill--; los que tiene usted frente son los laboristas, que son sus adversarios. Los enemigos los tiene usted aquí detrás, en su propio partido"Sin duda, el enemigo siempre esta dentro. Esta idea no debe obsesionar al negociador pero tampoco debe olvidarla. Recuerdo que hace años me encomendaron el cierre de un centro de trabajo en las condiciones menos dañosas para los trabajadores, si es que eso es posible. Por la especial configuración de la entidad que me lo encomendó debía rendir cuentas de mis trabajos y propuestas de estrategia en el seno de un consejo. Pues bien, a la tercera reunión con la parte contraria noté que conocían con detalle todas las opciones de acuerdo que yo me esforzaba en construir, sugiriendo siempre un paso más en la más ventajosa para sus intereses. Mi desconcierto tenía una explicación lógica: uno de los consejeros, por aliviar su conciencia o por querer aparecer como "el bueno de la película", pasaba puntual información a la contraparte. Como suelen decir, en una frase atribuida a Pío Cabanillas, ministro durante la transición política española: "cuerpo a tierra que vienen los nuestros".
En estos caso, el negociador debe gestionar convenientemente esta debilidad. Habrá veces que se pueda separar de la negociación al elemento discordante, hacerle ver nuestras razones o, al menos, señalar una "barrera sanitaria" alrededor de él, evitando que tenga información sensible que pueda utilizar en nuestra contra. 
La cara opuesta de estas debilidades internas supone la creación, en nuestra contraparte, de esas debilidades. La idea la resume a la perfección la frase atribuida a Julio César que parece que sirvió de base a su política colonial: "Divide et vinces" o "Divide et impera" , lo que en lengua vernácula viene a significar: "Divide y vencerás". 
Poca ilustración necesita esta frase pues todos hemos tenido experiencias vitales en las que hemos constatado que la mayor debilidad la da la división interna. Es una estrategia muy habitual y socorrida para empeorar las alternativas de la otra parte (MAAN) o incluso sus opciones.


En fin, respecto a la debilidad...Si puedes...¡evítala!. Si puedes...¡créala!