viernes, 25 de junio de 2010

Cine y negociación (II).

Si en mi anterior entrada hablé de Pretty Woman y de cómo se marcaba la ZOPA en una negociación hoy quisiera hablar de otra película, Algunos hombres buenos, y de otro tema, cómo empeorar las opciones de la otra parte. Sí, si, empeorar las opciones de la otra parte.
Hace unos días hablaba de que uno no debía sentarse a negociar sin tener claros sus objetivos, saber sus intereses y, sobre todo, tener claras sus alternativas en caso de que no se llegase a un acuerdo, lo que llamábamos MAAN (Mejor Alternativa a un Acuerdo Negociado). Si sabemos nuestras alternativas sabemos cuando podemos/debemos levantarnos de la mesa de negociación y si sabemos las alternativas de la otra parte, sabemos hasta donde podemos llegar...y añado, si sabemos las alternativas de la otra parte, sabemos como podemos empeorarlas y, por tanto, podremos presionar más.
Para ilustrar esta idea acudiré a una hilarante escena de "Algunos hombres buenos". Tom Cruise, hijo de un legendario auditor militar, es un abogado con alergia a los juicios y amigo de los acuerdos rápidos (otro día abordaré la tradición negociadora en el mundo jurídico anglosajón que empieza a contagiar a la vieja Europa, pero ese no es el tema de hoy). Se jacta de no haber entrado en una sala de vistas en su trayectoria profesional. La escena que propongo es aquella en la que un compañero de Cruise recrimina a éste, que juega tranquilamente a béisbol, que no haya ido a su despacho a hablar de un asunto en el que defienden posiciones contrarias. El asunto en cuestión es la tenencia ilícita por parte de un militar de una sustancia que resulta ser...orégano. En el campo de juego se entabla una curiosa negociación en torno a la pena y al procedimiento. El auditor se siente fuerte y amenaza a Tom Cruise con colgar a su cliente de una verga para "motivar" a éste a que se interese por el tema. Él, sin dejar de jugar por un momento, amenaza a este con un diluvio de recursos sucesivos que, aunque sin fundamento, tendrán pegado al fiscal al papeleo los próximos tres meses porque un marinero compró y fumo una papelina de orégano. La escena termina con la aceptación de una pena menor. "¿Por qué acepto esto?"- se pregunta el fiscal. "Tu sensatez va más allá de tu edad"- sentencia Cruise.
A lo largo de la película se suceden otras escenas de negociación de gran interés, algunas de negociación consigo mismo sumamente curiosas, pero me centraré, por su sencillez en esta. Tom Cruise sabe perfectamente que están hablando de un tema menor y que la otra parte, por mucho celo profesional que demuestre, no va a dedicar meses de trabajo por este tema. Sencillamente empeora las alternativas de la otra parte. En este caso la alternativa a un acuerdo negociado es la celebración de un juicio, es una salida fácil, bastante habitual en muchas negociaciones...pero si ese juicio va a demorar la solución en el tiempo esa alternativa se va haciendo menos atractiva. Es preferible seguir negociando.
Este empeoramiento de las alternativas de la otra parte es una pieza clave en las negociaciones. Sin entrar en profundidad, pues pretendo abordar ese tema en una próxima entrada, en el diálogo social que hemos presenciado en nuestro país recientemente las alternativas de las partes negociadoras era, por parte del gobierno, imponer el decreto que regulaba la reforma laboral y, por parte de los sindicatos, ir a la huelga. A mi juicio, ni uno ni otro han querido empeorar las alternativas de los otros en una clara escenificación de debilidad de ambas partes. El gobierno podría haber sacado perfectamente una reforma laboral más dura y los sindicatos podrían haber ido a una verdadera jornada de huelga, contundente, no demorada en el tiempo. Ambos han preferido no hacerse daño.
En un caso más local y que conozco más de primera mano podemos presenciar este empeoramiento de las alternativas de la otra parte en el actual proceso de adjudicación de Cajasur por parte del Banco de España. Es evidente que existe una "negociación" entre el gobierno andaluz y el Banco de España y las entidades que aspiran a dicha adjudicación. El primero, defendiendo su posición de querer mantener la Caja bajo su tutela, esta lanzando claros mensajes mediáticos, llegando incluso a advertir a los posibles adjudicatarios que no tendrán facilidades en esa opción: trabas administrativas, no aprobación de un posible expediente de regulación de empleo, etc. Estos han dado su resultado: Ibercaja ya se retiró del proceso, ahora las tintas se cargan sobre Cajamadrid acusándolo de competencia desleal, curiosamente sin ver esa misma competencia desleal en el caso de Unicaja que no solo conoce las entrañas de Cajasur, con la consiguiente ventaja competitiva respecto al resto de interesados, sino que esta cortejando a clientes estratégicos de a misma con el consiguiente debilitamiento de las posiciones de la Caja y de los futuros aspirantes. Veremos si esa estrategia surte efecto con BBK, Sabadell, o Banca Cívica.
En cualquier caso, toda una demostración de saber lo que hay que hacer en estos momentos. Otra cosa a debatir es si cualquier acción es lícita en ese empeoramiento de alternativas, o sí cualquier actor en una negociación puede realizar cualquier acción sin riesgo o reprobación alguna pues, como cita Plutarco en sus Vidas paralelas "no basta que la mujer del César sea honesta, también tiene que parecerlo". Si no, todos estamos en la cuerda floja.

sábado, 19 de junio de 2010

Cine y negociación (I).

Igual que el refranero, al que volveremos otro día, esta lleno de experiencias de negociación, el cine esta también lleno de dichas experiencias. Hay cintas que son verdaderas obras de arte en el campo de la negociación. Mi favorita es Acción Civil, con un soberbio John Travolta, pero esa la analizaremos cuando hablemos del lenguaje del reclamador de valor.
Hoy me centraré en dos clásicos que he visto esta semana. Por raro que pueda parecer, esta son Pretty Woman y Algunos hombre buenos. Como los protagonistas, Julia Roberts y Richard Gere en la primera y Demi Moore y Tom Cruise en la segunda, son suficiente aval, les invito a visionar ambas películas con ánimo de escudriñar las negociaciones, con lápiz y papel.
Me interesa detenerme en dos escenas que ilustran alguna de las ideas que he enunciado en anteriores entradas. La primera es que cada parte negociadora debe saber su interés, su objetivo, su meta...y también pararse a pensar sobre la de la parte contraria. Eso facilita enormemente la negociación y nos debe situar anímicamente como ganadores. Me explicaré.
Utilizaré para ello la escena de Pretty Woman donde Richard Gere negocia con Julia Roberts en la bañera el precio de sus servicios de acompañamiento. Unos y otras pensaréis que habríamos perdido esa negociación en tales circunstancias: Julia Roberts nadando en una bañera espumosa y Richard Gere, impoluto, esperando a dar gentilmente la toalla. La escena es, ciertamente simple pero no por ello menos instructiva. En ella podemos ver como en negociación se debe hablar de intereses y no de principios, como hay que tener perfectamente delimitado cual es mi interés, mi objetivo, el umbral por debajo o por encima del cuál no me interesa seguir negociando. A eso llamamos Zona de Posible Acuerdo (ZOPA).
Él le pregunta a ella el precio, ella hace cálculos y tira por encima: cuatro mil dólares. Él hace cálculos y tira por debajo: Dos mil dólares. Ya está fijada la zona de posible acuerdo (2.000-4.000 dólares). Finalmente se opta por lo fácil: acuerdan 3.000 dólares. Es lo que se llama una negociación de suma cero. ¿Quién gana o pierde? Los dos.
La escena siguiente es sumamente ilustrativa: Ella, triunfante, le dice -"Me hubiera quedado por dos mil"-. El, impasible, se vuelve y se acerca a ella -"Te hubiera pagado cuatro".
Los dos han ganado. ¿Que han perdido porque hubieran podido conseguirlo por más o menos dinero? En absoluto. Ambos han conseguido lo que querían en función de sus intereses. Eso dará para otra entrada.
Mañana hablaremos de Algunos hombre buenos. Otra película que narra una negociación. ¡Cómo! ¿Que ese no es el argumento? Por favor, volved a verlas de nuevo.

domingo, 13 de junio de 2010

Levantarse de la mesa.

Terminada la serie que comencé para analizar, desde la perspectiva de la negociación, la frustrada fusión de Cajasur retomaré el blog siguiendo, sistemáticamente, los elementos claves de la negociación, según mi modo de ver.

En esta entrada abordaré el análisis de las alternativas al acuerdo negociado, lo que se conoce como el BATNA (Best alternative to a negotiation agreement) o MAAN (Mejor alternativa a un acuerdo negociado).

Empezaré siendo claro: uno no debe sentarse en una mesa de negociación sin saber cuando puede o, incluso, debe levantarse de ella. Es obvio que cuando nos sentamos a negociar lo hacemos porque esperamos sacar algo de esa negociación pero tenemos que tener igualmente claro cuando tenemos que levantarnos porque lo que hay sobre la mesa no nos interesa o cuando, incluso, debemos hacerlo porque nuestra pura presencia esta dando un mensaje claro a la otra parte negociadora.

He visto en muchas ocasiones compañeros negociando despidos por cantidades que facilmente conseguirían en juicio dando a entender, claramente, que no las tienen todas consigo. Uno debe tener claro cual es su nivel mínimo por debajo del cual no merece la pena seguir sentado en la mesa...pero hay que saberlo, hay que haberlo trabajado como decía en aquella entrada de lápiz, papel y goma. No vale el "pa' poco na'" o el órdago sin fundamento. Hay que tener claramente determinado aquello que uno puede hacer si no hay un acuerdo, cuáles pueden ser mis alternativas y, también, cuáles pueden ser las de la otra parte.

Errores de cálculo en este aspecto han hecho fracasar infinidad de negociaciones. Como en todo, dificilmente llegaré a conseguir lo que quiero si no sé lo que quiero y para eso hay que haber pensado mis objetivos en la negociación, saber mis alternativas si no llego a un acuerdo y fijar a partir de cuando no me interesa seguir negociando.
Y esto porque hay veces que uno no puede levantarse de la mesa, como no sea para escenificar, pues sabe que está abocado a cerrar una acuerdo. En estas épocas de crisis hay empresas en apuros que están renegociando con sus proveedores, incluso con sus entidades de crédito, sus deudas. Puede que sean sus contrincantes los que tengan la razón y el derecho de su parte pero, aveces, más vale pájaro en mano que ciento volando.
Otras veces es estéril sentarse a negociar porque no hay valor alguno sobre la mesa y lo mejor es tomar la alternativa, aunque sea un jucicio. Recuerso un juicio por testamentaría en el que el secretario judicial, con indudable buen criterio, intentaba convencer a los cinco hermanos de que era mejor que llegasen a un acuerdo en lugar de proseguir el pleito. Uno delos hermanos sentenció el propósito: "yo, contar de ver ciego a mi hermano, me salto un ojo". El secretario entendió meridianamente lo vano de su pretensión. El pleito duró 10 años y arruinó la herencia. Y es que más vale un mal acuerdo que un buen pleito.
La sabiduría popular esta llena de experiencias de negociación.