¡Dos años desde mi última publicación! Como dice Benedetti en su magnífico poema Los formales y el frío "como se sabe en estos casos es bravo/ decir algo que realmente no sobre", así que no diré nada. Solo agradeceré el esfuerzo a todos aquellos que me han movido en este tiempo a que retome esta tarea, a saber: mis alumnos de posgrado universitarios en la Universidad Loyola de Andalucía y en la Universidad de Córdoba y, en estas últimas semanas, los políticos y, especialmente, los tertulianos de mass media que tantas sandeces pueden llegar a decir sobre algunos temas.
Conste que siento mucho más respeto por los políticos (los de verdad, los no corruptos, que suelen ser la mayoría, que se dedican a la cosa pública por servicio a la sociedad) que por algunos tertulianos, aprendices de todo y maestros de nada, que se ven "forzados" a decir algo, aunque a veces no merezca la pena.
Pues bien, como estos últimos, forzado, aunque espero que merezca la pena, escribo estas líneas para aportar mi granito de arena desde la técnica de la negociación.
Me ceñiré en un primer momento a señalar cómo debieran tomarse las decisiones estratégicas. La figura que presento señala gráficamente, a mi juicio, de donde debería partir la decisión. El núcleo central son la Misión, Visión y Valores de una organización, de ahí parte su análisis y la futura decisión a implementar. Simon Sinek defiende en su libro Start with why que la mayoría de las organizaciones construyen desde el QUÉ, en lugar de construir desde el PORQUÉ. El PORQUÉ ayuda a tomar decisiones.
Dicho esto, me permito sugerir un breve curso de negociación harviana.
Debemos partir de los intereses de la sociedad (los PORQUÉS) y no desde los intereses partidarios. Partir desde los intereses y no desde las posiciones nos ayuda enormemente a ver la realidad desde otra perspectiva. Hay que dar un paso más y priorizar los intereses... ¡no todos los intereses valen igual! Uno tiene que tener generosidad e inteligencia en los tiempos que están por venir para constatar que la diversidad social exige flexibilidad para llegar a acuerdos globales, sobre cuestiones del máximo interés social. No tienen sentido esas manifestaciones de algunos actores políticos de "nosotros no renunciaremos a nada de nuestro programa"...Como se diría en PNL...¿a nada, a nada? Me recuerda a la madre de un vecino que siempre decía que su hijo, abogado, nunca había perdido ningún pleito. Se ve que otros los perderían todos.
Teniendo claros los intereses, uno debe ver cuáles son sus alternativas. Aquí lo tienen fácil los que no tienen alternativas, perdonad la ironía. Conocer nuestra alternativas es básico para saber donde nos movemos. Es parte de nuestro mapa. Señala nuestros límites, nuestras fortalezas. Cuantas más alternativas mejor, pues así no estaremos lastrados por "el más fuerte".
Conocidos nuestros intereses y alternativas tenemos que crear opciones. A más opciones, más posibilidad de acuerdo. Si solo tienes una opción estas "muerto"; si tienes dos opciones, tienes un dilema; a partir de tres opciones puedes negociar.
Otro factor importante, sobre todo en política, es la legitimidad. Los pactos han de ser legítimos. No vale cualquier pacto por puro interés o, permítame el juego de palabras, por interés espurio. Cada pacto es un antecedente que será tenido en cuenta...sobre todo por el electorado. Pero para eso conviene no perder de vista el PORQUÉ de los pactos. Mucho me temo que esta política ciega de pactos va a pasar factura a muchos "partidos bisagra" por no escuchar al electorado y no ser fieles a los valores de origen de la organización.
El quinto elemento a tener en cuenta, conforme a la metodología de negociación de Harvard, es la comunicación. Uno tiene que estar preparado para argumentar y re-argumentar (por favor no nos cansen con la argumentación unívoca...¡escuchense!). Tan importante como lo que hay que decir es estar preparado para escuchar. ¡Hay que tener hígado para escuchar! No son tiempos para la altanería sino para el diálogo...y escuchar! Las negociaciones las ganan los que más escuchan. Escuchar a los demás nos da una información preciosa sobre la contraparte.
La relación es otro elemento esencial. Hay que saber distinguir entre la persona y el problema. Tenemos que "atacar" al problema, no a la persona.
Finalmente, hay que tener valor para llegar a acuerdos, y ponerlos negro sobre blanco. Es momento del compromiso, pero del compromiso fundado, basado en nuestros valores, en intereses comunes, conociendo nuestras alternativas, creativo por la creación de opciones que satisfagan a las partes y basado en una comunicación y relación humana y humilde.
Ha cambiado el tiempo de los frentes y se abre el tiempo de los pactos.







