He pasado el fin de semana completo en Málaga. Soy poco amigo de la playa pero no así Maripaz, mi mujer, y Lucía y Pablo, mis hijos.
Acostumbramos a creer que solo negociamos en situaciones excepcionales, que no es algo cotidiano. Y no es cierto. Es verdad que hay momentos en los que nos jugamos mucho y, a veces, apenas nada, pero la vida esta llena de situaciones en las que negociamos. A veces con alguien, otras con nosotros mismso y otras veces con la vida.
A poco que pensemos en situaciones cotidianas caeremos en la cuenta de que negociamos en nuestro entorno laboral a la hora de utilizar nuestra jornada, por ejemplo; en nuestra familia, cuando organizamos nuestro tiempo libre o las tareas del hogar, o con nuestros amigos, cuando decidimos ir a una película de cine o a cenar.
Desde hace unos años participo en un seminario sobre habilidades impartido en el Colegio Mayor Loyola de Granada. Su director, mi amigo Ignacio Bertrán, SJ, consideró básico, con buen criterio, que los colegiales que pasan por el Loyola contasen con un programa de habilidades que les ayudase a enfrentarse con la vida. En el mismo, me ocupo de una sesión de un día completo en la que hablo sobre "Negociación Avanzada según la Escuela de Harvard". Les hablo del método de negociación de Harvard, de los siete elementos básicos y practicamos varias negociaciones de distinto tipo. Echamos, en fin, un rato muy agradable y creo que todos disfrutamos. Creo que salen persuadidos de que la negociación es algo útil aunque sea para negociar con sus amigos y amigas qué película ver ese fin de semana.
En una ocasión, un colegial quiso ponerme a prueba y me preguntó si me habían derrotado alguna vez en alguna negociación. "Por supuesto- le dije. Cada día, Lucía, mi hija de 10 años, una rubia con ojos verdes, me vence."
Este fin de semana acabé metiéndome en el agua. Increible. ¡Los ojos verdes son mi debilidad!