Hace ya dos semanas desde mi última aparición en el blog. No ha sido mi intención retarsarme tanto, ni esa será la norma. Pero cualquiera que haya seguido los acontecimientos recientes en torno a la malograda fusión de Cajasur con Unicaja comprenderá esta ausencia de dos semanas. En estas semanas han ocurrido muchas cosas, ha habido un enorme ruido mediático y ayer, todavía, medios locales y nacionales, como el diario El País o la Cadena Ser, pretendían que hiciera declaraciones acerca de porqué había ocurrido esto. Lógicamente, tal y como escribí en una de mis últimas entradas, no hice declaración alguna porque no creo que la prensa persiga informar sobre lo acaecido y sus causas, pese al enorme respeto que sienta por la profesión periodística, sino a ejercer de creadores de opinión en pro de una u otra versión. Nunca he tenido buen concepto, en este estado social y democrático de derecho, sobre los grupos de poder mediático y esta última negociación no ha hecho que mejorase el concepto al observar el maravilloso manejo que mi amigo Ángel Fernández Noriega hace de los mismos.
Aunque no vaya a desvelar ni un solo hecho, siempre he creído en la discreción y en la elegancia de valer más por lo que se calla que por lo que se cuenta, he sido fiel y respetuoso con los amigos periodistas: sobre el tapete están los elementos básicos para entender lo que ha ocurrido. Para ello, es de enorme interés lo que escribí en mis dos anteriores entradas sobre principios e intereses y sobre creadores y reclamadores de valor.
Con esta entrada en absoluto voy a polemizar ni voy a entrar en un inventario de responsabilidades a repartir. Si hay algo claro es que lo ocurrido ha sido un fracaso colectivo de todos los interlocutores involucrados en el proceso. A mi juicio han sido tres las causas que han provocado lo ocurrido, desde una perspectiva de la acción negociadora que es de lo que hablamos en este blog: 1) El exceso en la dinámica de reclamación de valor, 2) no saber entender que se estaba negociando con principios, 3) la interactuación de stake-holder o terceros en la negociación.
Por razones de espacio hablaremos hoy del primero y dejaré los otros dos para sucesivas entradas en los próximos días.
Ya decía en mi entrada anterior que, pese a que podamos creer que los reclamadores de valor son los reyes de la negociación, una dinámica de excesiva reclamación de valor empobrece la negociación y puede llegar a frustrarla como en el presente caso. Si no creamos valor y solo reclamamos valor podemos llegar a crear la convicción en la otra parte de que no merece la pena seguir negociando pues todo el valor que se crea va a ser recogido por la contraparte. Si no hay valor que repartir sobre la mesa, permanecer en ella es estéril. Uno de mis más admirados amigos, y mentor mío en Sevilla, José Luis Haurie Vigne, Tesorero de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA), lo explica muy gráficamente: Si hay un pescado, nos lo podemos comer entre los dos, si no hay pescado... malo. Para hacer negocios, primero hay que crear valor, que pescar el pescado, después nos lo podemos repartir. Con un símil futbolístico: hay gente que no quiere ganar 4-3, sino 7-0 y arriesga tanto que termina perdiendo. Humildemente creo que Medel ha reclamado tanto valor que, finalmente, ha frustrado la operación pues ha dejado un valor ínfimo sobre la mesa. Sobre el MAAN (mejor alternativa a un acuerdo negociado) o cómo repartir el valor que hay en la mesa hablaremos en una próxima entrada.
Pero las próximas están comprometidas con los siguientes causas de este fracaso colectivo. Hasta pronto.
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