El pasado lunes, Antonio Guerra, amigo y miembro del equipo de titularidad de Compañía de María, me recomendó que no muriera en el intento y que espaciara mis entradas en el blog pues, de lo contrario, sería complicado de seguir y de seguirme. Me pareció oportuno, así que espaciaré mis aportaciones. Esta recomendación me parece oportuna para abordar la idea que quería compartir hoy con vosotros: negociar con uno mismo.
La negociación con uno mismo no deja de ser compleja. Es cierto que conocemos mejor que nadie al negociador contrario pero por eso mismo nos dejamos engañar y vencer. No es grave pero si merece la pena reconocer y reconocerse en las negociaciones internas, fundamentalmente emocionales, que son de enorme utilidad para crecer como persona y como negociador.
Esta tarde el Presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, ha presentado el programa Esfuerza de la Consejería de Educación. Me hubiera gustado enormemente ir, no por lo singular de este tipo de actos, que suelen ser multitudinarios e impersonales, sino por presenciar el nacimiento de una iniciativa en el ámbito educativo andaluz en un momento en que tan necesitados estamos de ellas. Además, como miembro del Consejo Escolar de Andalucía y de su Comisión Permanente me hubiera correspondido asistir. Sin embargo, a ultima hora la tarde se complicó con cuestiones de enorme calado para una negociación, amén de cuestiones de enorme calado en la vida personal. Los deseos se contraponen, las emociones se mezclan, pero la realidad se impone. Hay que controlar la emociones en cualquier negociación pero especialmente en las negociaciones con uno mismo. Mantegamos la serenidad, la frialdad...eso no quiere decir falta de pasión en la negociación pero el control de las emociones es una cualidad básica para negociar. Con serenidad se pueden determinar adecuadamente los intereses de las partes, sus alternativas, sus distintas opciones y, sobre todo, construir un estilo de relación y comunicación con la otra parte. Si es contigo mismo ¡mejor que mejor!
Se dice que en el frontispicio del templo de Apolo, en Delfos, aparecía ese lema "Conócete a ti mismo". Buen lema para cualquier persona, esencial para el negociador. Conócete, trabájate y, sobre todo, se condescendiente contigo mismo. Unas veces ganamos y otras perdemos.
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